Por Carlos Duguech - Analista internacional
Rabin fue uno de los más destacados “halcones” de Israel.
“La profesión militar implica una paradoja. Mandamos a los mejores y más valientes de nuestros jóvenes al ejército. Los suplimos con equipos que cuestan una fortuna. Los entrenamos rigurosamente para el día en que deban cumplir con su obligación y esperamos que lo hagan bien. Y sin embargo, rezamos fervientemente para que ese día nunca llegue, que los aviones nunca despeguen, que los tanques no tengan que avanzar, que los soldados nunca lleven a cabo los ataques para los que han sido tan bien entrenados. Rezamos para que nunca ocurra, debido a la santidad de la vida. La historia en general, y la historia moderna en particular, ha conocido tiempos horribles en que los líderes nacionales convirtieron sus ciudadanos en carne de cañón en nombre de doctrinas malvadas: el infame fascismo, el terrible nazismo. Fotos de niños marchando hacia el matadero, de mujeres aterrorizadas camino a los hornos crematorios, deben estar ante los ojos de cada líder de nuestra generación, y de las generaciones por venir. Deben servir como una advertencia a todos los que tienen poder”.
El galardón y la muerte
Lo transcripto forma parte del discurso de Yitzhak Rabin en Oslo, Noruega, al recibir junto a Simón Peres y Yasser Arafat el Nobel de la Paz 1984. Fue el día 10 de diciembre de ese año. Los procesos denominados Oslo I y Oslo II generaban el entusiasmo de los líderes, que creían firmemente en posible la cercanía de la paz definitiva entre Israel y la Nación Palestina que se esforzaban por crear. Sí, dos naciones conviviendo en un espacio donde se establecerían las fronteras que habrían de ser de reconocimiento internacional.
El fundamentalismo erigió sus banderas de muerte y desprecio por los demás. Armó la mano de Yigal Amir, un joven estudiante de derecho, de 25 años, de la Universidad de Bar Ilán, de Ramat Gan, una ciudad cercada a Tel Aviv). Era durante un acto con cerca de cien mil personas, en Tel Aviv, en la plaza “Reyes de Israel”.
“Estamos en plena construcción de la paz. Hay que correr riesgos para ello” sus palabras últimas, antes de ser asesinado durante el acto, en esa plaza que hoy lleva su nombre. Un día como hoy, el 4 de noviembre de 1995, se celebraba el pacifismo tributando adhesión entusiasta a los gestores del proyecto de paz de la región, Rabin, Peres y el líder palestino Arafat. Tres balas disparadas por el asesino causaron la muerte del primer ministro Rabin al que se intentó salvarle la vida en un hospital cercano hacia donde fuera llevado inmediatamente. La justicia israelí lo condenó a cadena perpetua que cumple actualmente. En el trámite del juicio que precedió a la condena Amir no sólo no mostró signos de arrepentimiento sino que afirmó que estaba conforme con lo sucedido a Rabin, porque en rigor lo que pretendía era sacarlo del circuito que había emprendido de paz con los palestinos, agregando que había actuado “con ayuda de Dios”. Conviene destacar que especialistas en salud mental determinaron -antes de ser sometido a juicio- que Amir estaba en condiciones de ser juzgado, porque comprendía la naturaleza de sus acciones y sus consecuencias.
El atentado fue reivindicado por un grupo que se identificó como organización judía vengadora Irgún Iehudí Nokem, en hebreo) que llamó expresamente para ello a la televisión estatal israelí.
“Hay que aprovechar esa posibilidad y darle una oportunidad a la paz por quienes se encuentran en la plaza de los Reyes de Israel, y por todos los que piensan como ellos y no vinieron”, dijo Rabin en consonancia con el lema que presidió la convocatoria multitudinaria: Sí a la paz, no a la violencia”.
“Estamos en plena construcción de la paz. Hay que correr riesgos para ello” sus palabras últimas, antes de ser asesinado, en el acto celebrado en Tel Aviv, en la plaza que hoy lleva su nombre.
Los cementerios
En otro tramo de su discurso al recibir el Nobel de la Paz 1948, Rabin decía: “En mi actual posición, tengo muchas oportunidades de sobrevolar el Estado de Israel, y recientemente otras partes del Medio Oriente también. La vista desde el avión es imponente: mares y lagos de azul profundo, campos verde oscuro, desiertos del color de las dunas, montañas de piedra gris y paisajes regados de casas con tejados rojos y paredes de cal.
También hay cementerios, tumbas que se extienden hasta el horizonte.
Hay cientos de cementerios en nuestra parte del mundo, en el Medio Oriente, en nuestro hogar, Israel, pero también en Egipto, Siria, Jordania, Líbano. Desde la ventanilla del avión, a miles de pies de altura, las incontables tumbas están en silencio. Pero el sonido de su clamor ha hecho eco desde el Medio Oriente a todo el mundo durante décadas.
Aquí ante vosotros, deseo saludar a nuestros seres queridos -y ex enemigos. Deseo saludarlos a todos- los caídos de todos los países en todas las guerras; los miembros de sus familias, que sobrellevan la perenne carga del duelo; los inválidos, cuyas cicatrices no sanarán nunca. Esta noche deseo rendir tributo a cada uno de ellos, puesto que este importante premio les pertenece”.
Grave deterioro de paz
Hoy, 23 años después del asesinato de Rabin puede decirse que el magnicidio extiende sus consecuencias hasta nuestros días. El proceso de paz y de constitución de la nación palestina está en vía muerta. Los esfuerzos desarrollados en tantas gestiones por los convencidos de la necesidad de la paz en Medio Oriente sufrió también el impacto de las balas disparadas por el terrorista Yigal Amir. El terrorismo fue gestión también de los activistas del sionismo en su tiempo, encarnado también en los explosivos que colocaron en el Hotel King David, de Jerusalén (1946) donde radicaba el comando militar y administrativo de Gran Bretaña, que ejercía el mandato sobre Palestina, hasta 1948. 91 víctimas mortales, 16 de ellos judíos. Autores: activistas del Irgún, sector terrorista del sionismo militante de la Haganá (La defensa). Fue el germen de lo que hoy es el partido político de derechas, Likud. Cuando se “celebraban” los 60 años de este hecho, organizado por el Centro Menachem Beguin, el Primer ministro Netanyahu lo hizo acompañado por ex miembros del Irgum.
Otro acto deleznable del terrorismo sionista previo a la conformación de Israel como estado luego de la “partición de Palestina” por la ONU en 1947, fue el asesinato del conde sueco Folke Bernardotte, miembro de la Cruz Roja. En su condición de mediador de Naciones Unidas en la guerra árabe-israelí de 1948 había conseguido que se estableciera una tregua. Llegó a formular dos planes. El segundo de ellos implicaba la creación de dos naciones, Israel y Palestina. En el camino al hotel para alistar su viaje a Nueva York, sede de la ONU, desde vehículos del ejército israelí le dispararon metrallas que lo mataron a él y a su acompañante.
Dos aniversarios
El tiempo se detiene, los procesos de paz también, y hasta se diluyen como el que tiene como enredados a Israelíes y palestinos. En este año en el que se cumplen el trigésimo aniversario de la Declaración de Independencia de Palestina en el exilio (1988,) y los 70 años de la de Israel (1948). Los fundamentalismos a ultranza no pueden convivir con la paz. Son generadores y consecuencia de todas las violencias de la Humanidad.